En cierto momento de cierto día, en el que hacía mi ritual matutino de revisión de prensa digital, de algún lado me brincó la recomendación del libro, El Profesor de un escritor gringo llamado John Katzenbach. La sinopsis sonaba bastante bien:
Adrian Thomas es un profesor universitario retirado, al que acaban de
diagnosticarle una demencia degenerativa que lo llevará pronto a la muerte.
Jubilado, viudo y enfermo cree que lo mejor que puede hacer es quitarse la vida.
Pero al salir del consultorio del médico es testigo involuntario del
secuestro de Jennifer Riggins, una conflictiva adolescente de dieciséis años con
un largo historial de huidas, que desaparece sin dejar rastro dentro de una
camioneta conducida por una mujer rubia.
El profesor Thomas se debate entre
poner fin a su vida y ser útil una última vez antes de morir. Decide ayudar a
encontrar a Jennifer e intentar darle la oportunidad de vivir su joven vida.
Para eso debe sumergirse en el oscuro mundo de la pornografía en Internet.
Así que tantito por curiosidad y tantito por ociosidad busqué el libro y le di un chance. Desde un principio la historia atrapa, las iníciales reflexiones de un moribundo, las fuertes imágenes creadas por un secuestro y las subsecuentes escenas creadas a partir de una pareja de psicópatas, lo jalan a uno a chutarse sus quinientas y tantas páginas de corridito.
Al recorrer una a una sus páginas se respira ese ambiente cinematográfico gringo, pero no aquel de balazos, héroes de acción, y chicas voluptuosas, sino de ese cine norteamericano de calidad, de argumento, de crudeza en imágenes. Así, totalmente es El Profesor, Al kaseltzer, que diga, Katzenbach genera un ambiente tenso durante la mayor parte de la historia, y lo sitúa a uno en la mirada de los diferentes actores, lo que le da a la trama un valor agregado al conocer las razones de sus procederes.
Al final el nudo de la historia se desata de la manera más lógica posible, sin el clásico triunfo romántico y con muy pocos disparos, aunque si, con cierto matiz de final de película gringa de las buenas.
Destaco que este libro es el primero que leo totalmente en formato digital mediante un dispositivo móvil, y debo reconocer que el BlackBerry me resultó muy cómodo para leer, si bien es cierto que no se puede comparar con el diálogo que se tiene con un impreso, con su tacto, con su olor, resulta muy accesible cuando uno quiere darse una escapada en medio de la jornada laboral, en cualquier momento del día y adentrarse en la historia que uno deja pendiente.
… Voy y vengo