miércoles 29 de junio de 2011

¿’Tons que!?

De pocas tuercas!!. Así y sólo así puede definirse el libro El barco de la Ilusión de Fritz Glockner, una biografía en forma de novela del famosísimo pachuco de oro Tín Tán.


Cuanto gusto me dio poder leer las innumerables anécdotas que son narradas; es básicamente como ver una más de sus películas, el autor (en voz de un ficticio personaje llamado Adriana, joven estudiante de comunicaciones enajenada por la figura de Germán Valdez) tuvo la inteligente idea de lograr que el mismo Tín Tán con esa chispa, con esa energía que proyectara en sus películas, hiciera gala de su vocabulario dicharachero, para meternos en su ambiente, en su onda.


Creo que no mitifica al personaje, ni al actor, realmente humaniza a un Germán Valdez con una personalidad impresionante, a un tipo inteligente y rebelde que desde un principio marcó su vida con la irreverencia de una persona sin prejuicios, sin falsos formalismos y con la idea clara de disfrutar cada momento.

Germán logró hacer de su trabajo como actor primero en radio, luego en carpas y finalmente en cine el mejor pretexto para lograr sus dos más importantes objetivos, divertirse echando desmadre, y llenarse los bolsillos de dinero para irse a echar desmadre.

Desde su aparición en radio como el pachuco Topillo Tapas hasta sus últimas interpretaciones como un viejo cascado Capitán Mantarralla, el Barco de la Ilusión nos trae las vivencias del artista, su progreso, sus excesos, su indisciplina, su desparpajo y su particular forma de vivir la vida.


Tener la posibilidad de recordar memorables escenas de películas como El Mariachi Desconocido, El rey del Barrio, Calabacitas Tiernas, el Violetero, y muchas más. Uno lee entonces, el detrás de cámaras de muchas escenas memorables, como aquella de marcelo y su monólogo sobre la batalla de Puebla en medio de un incendio y como esta improvisación dejó perplejo a un Tin Tan que siempre lo sorprendía con su genialidad.


Anécdotas que entre lo mítico y lo real lo contagian a uno de la forma tan relajada que don Germán tenía sobre la vida.


Si bien Glockner juega con el recurso de las dos historias corriendo a la par hoja por hoja, es evidente que la historia del intento de amorío entre ese par de estudiantes de comunicación, aún cuando dista mucho de la vanalidad, pasa a un segundo término, y la presencia de Tín Tan trasciende de su lugar en la novela.


Las películas de Tin Tan me han acompañado desde mi infancia, y sé que ahí estarán y que algún día reuniré todas sus películas y quizá sacralice el estante en donde las coloque, junto al ya característico poster del pachuco en mi habitación.


Ya me voy que mis burros andan lejos. Las gaviotas, tururú

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